S?CRATES, JUICIO Y MUERTE DE UN CIUDADANO
S?crates no escribi? jam?s una sola palabra. Sin embargo, la filosof?a griega se divide y se estudia, en dos partes: Los Presocr?ticos, y S?crates y los grandes fil?sofos posteriores. Ah? es nada.
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No cabe la menor duda de que S?crates es una figura fundamental del pensamiento occidental. Su b?squeda de la verdad, su indagaci?n, mediante el di?logo, sobre la moral, la honestidad, la justicia, el conocimiento del hombre, ? partiendo de la asunci?n del no conocimiento ? , le convierten en un ser singular y, por supuesto, en un ser peligroso para cualquier tipo de hipocres?a, ya sea individual, colectiva, o incluso democr?tica.
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Es esa condici?n insobornable lo que le lleva ? tras una larvada inquina incubada durante m?s de veinte a?os ? a ser acusado por seres insidiosos cercanos al poder, de perversor de la juventud y negador de los dioses oficiales.
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Esa joven democracia no diger?a la independencia, agudeza y ?tica de un hombre ?ntegro, valiente, ir?nico, coherente y enfrentado por su actitud a las oscuridades de un sistema democr?tico dispuesto a devorar a sus m?s valiosos hijos. ?Les suena a algo?
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?Desde la magn?fica versi?n esc?nica de Enrique Llovet para Adolfo Marsillach, y am?n de una versi?n en catal?n de Marc Antoni Broggi, no estrenada, no conozco ning?n texto teatral que haya abordado la figura del fil?sofo. El texto que firmamos Alberto Iglesias y yo mismo, presenta a S?crates y su entorno ?en ?el juicio y muerte?. Y parafraseando a Jan Kott, pretende ? sin alterar ninguna circunstancia hist?rica ? hablar de ?S?crates, nuestro contempor?neo?.?
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Mario Gas